27 de noviembre de 2015

Proeza del despierto

Todas las noches, antes de cerrar los ojos y después de terminar mis lecturas, pienso en un pueblo despierto. Un sitio noble donde gobiernen la lucidez, la igualdad y la congruencia vitalicia. Un lugar donde no quede espacio para las mentiras, donde todos los ciudadanos ofrezcan y exijan respuestas. Es tiempo de que las bocas calladas, hablen. Tiempo de que se muevan todas las piezas.

Una utopía emancipada de la hipocresía y frivolidad de los que dicen perseguir un bien común para todos, lejos de la falsedad e incongruencia del catolicismo que es hermano del capitalismo, y Cristo, con la multiplicación de los panes, el mejor ejemplo del primer comunista.

Las sandeces de los sistemas económicos han llevado a las multitudes a una crisis intelectual, a un conformismo patrocinado por la resignación. Es tiempo de que trabajen los que nunca han trabajado. Es tiempo de exigir una generación y dignificación de empleos, y no puentes desniveles primermundistas que sirven de montaje para el clímax de la tragicomedia mexicana. Gente y política con conciencia templada, instituciones que siempre defiendan al individuo.

El perdón sin aprendizaje es una estupidez degenerativa. Eso pasa con la gran mayoría de los mexicanos que, aún en nuestro tiempo, seguimos teniendo una dictadura hecha partido al frente del país. Un sistema político que se ha eternizado y que ha enfermado de disimulo y mediocridad, a todos. Si la historia ha de ser borrada de los libros, que sean nuestras bocas las que la cuenten y que viaje por los años a la velocidad de un chisme nuevo. Hay errores, desaparecidos, muertes e insultos que no deben olvidarse.


Pienso, cada mañana, en la consecuencia de mi causa, que también es la causa de muchos, y sé que la lucha por el despertar de las conciencias aún no está perdida. Veo como todos los días despiertan más personas del letargo en el que estuvieron sumidos durante años. La verdad os hará libres, y la libertad verdadera es aquella que  sólo sobrevive en el insomnio.

Sergio Telles

20 de noviembre de 2015

Vida en las millas

Por lo general, no entendemos las tristes ausencias que dejan en tierra los hombres de ruedas y diésel. Los que han aprendido a vivir al volante gran parte de sus vidas, los que han lidiado, a diario, con las mudanzas perpetuas. Han aprendido a despedirse tanto que, en ocasiones, olvidan lo que significa quedarse.

Las familias han llegado a acuerdos silentes para no hacer más cruda la espera. Hay besos cansados, abrazos contenidos y charlas a medias. Los calendarios se parten día con día y las horas pesan en las espaldas de todos. Se sufre igual adentro y afuera, con esos sufrimientos omnipresentes que traen implícitos los recuerdos. Los tejones solidarios que cuidan a sus hermanos de oficio en un camino de distancias y curvas sin miedo.

Los riesgos de las carreteras que nunca terminan, la incertidumbre del mal tiempo que les azota a deshoras, los sobornos injustos con los federales y la delincuencia organizada para seguir manejando un poco más tranquilos con una carga que no es suya, pero que les permite llevarlo todo a casa. Hay sueño en los ojos, caminos sin vuelta y mujeres sin cama.

Son un gran porcentaje de la clase trabajadora de nuestro pueblo. Son los chóferes del transporte pesado que movilizan los enormes capitales de los únicos dueños, que son pocos, pero que son necesarios mientras no se hable, todavía, de la generación de empleos. Una ocupación riesgosa de la que aún no se ha dignificado su salario. Un oficio poco mencionado en las prioridades de  las bocas que no hablan, pero que comen de ellos.

La soledad de las carreteras está llena de momentos introspectivos, de llanto acedo y velocidades intermitentes. Les tiemblan las piernas con la sola idea de la fatídica probabilidad de poder morir lejos, de apagarse en la lejanía.


De regreso, hay esposas, padres e hijos que han esperando lo suficiente con veladoras encendidas, con la resignación temprana de que sólo durará poco tiempo, hasta el siguiente viaje que ordenará el patrón, hasta el siguiente beso.

Sergio Telles

13 de noviembre de 2015

Elogio a la indiferencia

La libertad condicionada es pariente cercana de la esclavitud. Pensar siquiera, en abolirlas, por completo, es caer en pantomimas ridículas y denigrantes. Los sistemas de gobierno despóticos utilizan un instrumento más eficaz que las pesadas cadenas de siglos pasados, que atormentaban los cuerpos. Un instrumento tan poderoso y efectivo, llamado: ignorancia.

La desinformación ha venido a silenciar las oposiciones eruditas e imponer un autoengaño masivo. El hábito de la indiferencia se ha comido las ideas de las confrontaciones de un raciocinio incipiente. El pensamiento crítico está en cuarentena y sus intermitencias lúcidas no terminan por convencer a nadie. Una democracia payasa y una soberanía que ofende.

Se han encargado, con prurito, de manipular el pasado para replicarlo en el presente. Un saqueo arcaico que comenzó en 1492 y que continúa, sin menguar, en nuestro tiempo. Extranjeros, nacionales y un robo enfermizo que sólo termina para el que muere.

Nada hace más daño que lo que se olvida. México, ha olvidado su sangre regada, su sometimiento y sus desaparecidos. Los traidores siguen a la cabeza, decidiendo por todos, comprando a la intelectualidad caída. Una hipocresía que compone la atmosfera de las instituciones políticas y las ambiciones que venden los sueños.

La historia ha sido borrada y reescrita a conveniencia, pasando por alto los grandes momentos. Hemos creído todo lo que se nos ha dicho en la truculencia del poder. Hemos sepultado en nuestras memorias el espíritu de una lucha justa, en un éxtasis de cobardía o desgano.

La resignación de nuestro pueblo ha incentivado a una dictadura hecha partido, menos fantoche que el resto de las dictaduras latinoamericanas, pero igual de soberbia y dañina. Una dictadura de la que nadie habla porque, para entenderla, hay que vivir adentro.


Duele el silencio de los que callan siempre bajo una patria fingida. Duelen los brazos baldados, los estómagos vacíos y el buffet de mentiras. Duele el engaño anual de los hombres necios que gritan, repetitivamente, ¡viva! Duelen las bocas que se han dormido desde hace tanto y que sólo comen poco y tragan saliva.

Sergio Telles

6 de noviembre de 2015

La danza del sindicato

Los dirigentes de pantalones largos y bolsillos llenos, representan y apaciguan a las masas que fungen como el brazo pujante de las empresas privadas y ayuntamientos públicos. La historia reciente de los sindicatos mexicanos está plagada de corruptelas e impunidad. Negociaciones millonarias entre los líderes sindicales con el sector privado y gobierno. Avaricia y oportunismo colosales, disfrazados de un liderazgo inmaculado y una falsa vocación de servicio.

El servilismo adoctrinado de la clase trabajadora, la necesidad ubicua y la cultura del engaño, adormecen las ideas y el espíritu de una lucha social por la dignificación de los salarios y empleos en nuestro país. El sindicato contemporáneo, es una navaja de dos filos: por un lado, brinda beneficios nimios a sus representados y, al mismo tiempo, les amordaza contra su patrón o autoridad en turno. La realidad implícita, arropa a quienes no trabajan, a las cabecillas de estas agrupaciones, quienes resultan como beneficiarios mayoritarios en ambos sectores.

Algunos casos puntuales nos llevan a las cincuenta secciones sobre la geografía azteca, que componen el sindicato de PEMEX, plagado de irregularidades y desaciertos. El SNTE,  sindicato magisterial más grande de América, y uno de los más corruptos de América Latina. Orgullo entre orgullos mexicanos. El infierno que se vendió por cielo.


En los pueblos y ciudades pequeñas, como las nuestras, el sindicato único de trabajadores recibe dinero del erario público para la nómina de sus representados y para su representante, apegados a un contrato colectivo municipal. Y, otra función, un tanto más oscura, es su alineación política. Es como tener a muchos Elba Esther Gordillo, distribuidos en cada nicho del país, que por el enorme poder de dirigir a grandes masas, determinan elecciones municipales, estatales y presidenciales. Ahí recae la preocupación de los políticos en turno por mantener un equilibrio y una sana relación con sus líderes que, a su vez, representan una fuerte cantidad de votos que podrían llevar a un partido político a la victoria. Esta es la danza del sindicato que en tiempo electoral, como el que se aproxima, se pinta de distintos colores, dependiendo de con quien saldrá a bailar esta vez.

Sergio Telles

30 de octubre de 2015

Facciones

El Sol es la alarma infalible que despierta todo. Salen los viejos a sus corredores y jardines con una taza de café en mano y un periódico que repliegan sobre ambas piernas que, se dejan seducir, por el vaivén de las mecedoras. Pasan los vecinos que saludan y se detienen, brevemente, para contar una noticia de mundo o algún cotilleo que sirve de entremés para la reunión de las tardes.

Enfrente de la acera, la rebelión de las escobas gastadas barren el polvo y, al mismo tiempo, un chorro de agua fría que riega las banquetas de administraciones pasadas, anuncian la media mañana de la región citrícola. El olor de los almuerzos emana de todas las casas y colonias, ese olor excelso y delicioso que no he encontrado en otra parte.

Pasan los estudiantes de la Vidaurri, de la Juárez y de la Allende, ordenados, sigilosos. Pasan todos los de las otras calles en la disposición de sus tiempos, con una mochila que pesa en las espaldas y una cabeza atiborrada de sueños. Las veredas que siguen la periferia de la ciudad, los matorrales poblados que esconden muerte y basura, y ese naranjo arqueado que no se cansa de echar frutos. Pasan los trabajadores con el espítitu despierto, con la necesidad encima, con el sacrificio admirable.

Suenan los campanadas de las parroquias y las músicas de los coches que rebotan en los ventanales de los negocios que, abren siempre, a las nueve. Las plazas se infestan de pluralidad cultural, de pragmatismo crudo, de soberbia efímera. Siempre hay un bolero que espera un par de botas, siempre hay un mendigo que necesita un pan. El cielo azul que vigila ese fragmento de tierra fértil es, sin duda, el mejor del Estado. El agua límpida que se bebe y que se anuncia en las mañanas, con melodías repetitivas, tiene el sabor que se extraña en los paladares ausentes.

La belleza de sus mujeres que caminan y se exhiben ante las miradas ajenas, la inteligencia incólume y el trabajo que demuestra lo grande que son estos pueblos, la educación de saludar sin conocer al receptor y la solidaridad que compone el esqueleto de todo, son una parte del total de los factores que confirman las facciones de los habitantes de esta mágica zona que sueño, desde mi almohada, todos los días.

Sergio Telles

23 de octubre de 2015

La burla de la inmundicia.

La televisión mexicana, desde sus inicios, ha jugado un papel trascendental en las confabulaciones del gobierno. Me atrevo a escribir que va más allá de ser el cuarto poder de la nación. Desde censurar, con cobardía, la matanza de Tlatelolco en el 68 y todas las fechorías del régimen priista, hasta ser fiel formadora de primeras damas. El poder omnipotente del que goza el duopolio televisivo, es más grande de lo que cada uno de nosotros imaginamos. El contubernio que existe entre Los Pinos y la pantalla chica, es pieza fundamental de la proliferación de la ignorancia mexicana.

Más del 80% de nuestros compatriotas, pasan horas sentados frente a un televisor, lo cual nos habla del inmenso dominio de este medio. Tiene la magia asombrosa que puede convertir a los héroes en espurios de la historia y, a títeres absurdos, en presidentes de la república. Concesiones y contratos millonarios a cambio de una buena imagen, proselitismo perfecto, inmunidad abstractiva, entumecimiento público y un encumbramiento social.

No sólo se le engaña, de esta forma, a la sociedad, sino que, se le enferma de una estupidez sublime. Telenovelas, Reality shows y una vasta programación que ofende al intelecto. La televisión de la zona norte del país, es una réplica del salvajismo y la hipocresía humanas. Una serie de programas nefastos, sin escrúpulos, que han sido la escuela de la decadecia de la sociedad del noreste. Contenido infestado de sexo explícito, misoginia, racismo y bazofias. Creando hábitos inaceptables de estirpe primitiva en los espectadores que les emulan.

¿Dónde están los organismos que regulan el espectro? Todos son parte de la misma porquería que tiene como objetivos esterilizar memorias en nombre de un entretenimiento de mal gusto, y ocupar la mente de los ciudadanos mientras su gobierno, en turno, de todos los niveles, les fornica su futuro.

Es intolerable que la tierra regiomontana del gran Alfonso Reyes esté gobernada por un grupo de televisoras que promueven la ignorancia mórbida y la bajeza del espíritu. Es realmente deprimente que, día a día, más personas se sumen a esta corriente de apoplejía cultural, a esta burla de la inmundicia.
Sergio Telles

16 de octubre de 2015

El soldado del cielo.

La autoridad diocesana le enclaustró en un pequeño pueblo, el menos devoto de la diócesis de Lyon. A base de humillaciones y esfuerzos consiguió el sacerdocio. Era un tipo completante distinto a sus contemporáneos. En Ars, atendía a niños y enfermos casa por casa, ayudando, fraternalmente, a los pueblos vecinos. Dormía poco y oraba mucho. Comía de pie, porque no le alcanzaba el tiempo. Caridad, penitencia, sacrificio y amor.

No sólo consiguió acercar a Dios al pequeño pueblo de Ars, sino que fue tan maravillosa su labor humanitaria que fue conocido en toda Francia y Europa, alcanzando el equilibrio ineluctable entre la pobreza y la riqueza, desde enfermos crónicos hasta intelectuales ilustres de esa época, que seguían su peregrinación hasta aquel pueblecillo sólo para conocerle. Sólo para conocer el explendido trabajo de Juan Bautista María Vianney, que fue apodado, por todos, como “El cura de Ars”.

Sólo el día que enfermó, aceptó un colchón en su camastro pétreo. El médico daba algunas esperanzas si disminuía un poco el calor de agosto, causando el hecho enternecedor en que todos los vecinos de Ars colocaron sábanas húmedas en el tejado de su habitación para salvarle. Murió sirviendo a su pueblo con la humildad de siempre que quedó registrada en la posteridad. Fue un guerrero que luchó contra la opulencia clerical y el materialismo de la fe.

Aunque no está dicho, creo que Victor Hugo se inspiró en él para crear al personaje del Monseigneur Bienvenu, de su obra Les miserables. Un ser que sacrificó su comodidad para repartirla entre todos los que sufrían. Un hombre que se despojó de toda frivolidad, evangelizando con sus acciones. Un hombre que no le vendría mal a nuestro tiempo.

La historia reciente de la Santa Iglesia, por triste que parezca, no goza de una buena salud. La pederastia imperdonable, el desgaste de su imagen que se cae por todos lados. La vergüenza de La inquisición, las confesiones de los campesinos rebeldes que iban a parar en los oídos de las hacendados que los masacraban en el siglo pasado. Los Cristeros que peleaban en tierra lo que no existe en el cielo, la arquidiócesis que no acaba por divorciarse del Estado. El banco del Vaticano y la bolsa de valores, la intelectualidad que fue perseguida, acallada y desaparecida.

Hombres hablando de humildad a las multitudes, mientras portan indumentarias bañadas en oro, bebiendo el mejor vino en copas de oro y comiendo en los sitios más exclusivos del mundo, enfrente del hambre. Hombres que conviven con la clase alta de los pueblos, evitando a toda costa el equilibrio que enseñó El cura de Ars. Más cerca de lo terrenal que lo divino.

Hace tiempo, creí que la cúspide religiosa se venía abajo con la misteriosa renuncia del pontificado de Benedicto XVI, quien dejó entredicho el cáncer que se vive en el núcleo de la Iglesia. El papa Francisco y una nueva generación de sacerdotes que van más allá de la teología aguda, ahora comienzan a desprenderse un poco del dogmatismo que limita la racionalidad, saliendo a devolver la esperanza a los millones de fieles y frenando el desmoronamiento continuo del catolicismo. Asumiendo errores y buscando alternativas reales, porque Dios no censura a nadie. El señor es contigo.

Sergio Telles

9 de octubre de 2015

El circo de los cobardes.

Debemos comenzar a pensar sin fanatismos frustrados ni ideologías segregadoras. El espectáculo del circo de los cobardes, llamado: “política mexicana”, ya no divierte a nadie. Un circo contemporáneo y ambientalista, donde los únicos animales andan de pantalón largo y chequera abierta.

Estoy en total favor de exhibir a los traidores que han aprobado el nuevo paquete de impuestos, la reforma energética y la reforma electoral, ¿para qué? Para que no les olviden. Para que les recuerden siempre y retengan sus nombres y apellidos en sus cabezas. No para pulular el odio, sino para esterilizar la estupidez de nuestro pueblo, creando una sana conciencia política. Una memoria recurrente.

Hemos visto desfilar a una pseudo izquierda consentidora. Burda y falsa a los principios que defendía por décadas. Vulgar y prostituta, vendiendo acuerdos por sumas monetarias. Hace tiempo, se anticipaba que el Pacto por México era la compra-venta de la oposición, pacto que ha quedado cerrado el lunes con la aprobación total de las reformas. Las reformas de la infamia. Ahora, sabemos que la basura siempre es basura aunque cambie de color.

La forma de hacer política en este país es vergonzosa y producto de un mal chiste: llevar migajas y recibir aplausos sonoros, fotografiarse con sonrisas hipócritas y montar discursos mesiánicos a multitudes ignorantes y convenencieras. Horas y horas de escupir una retórica estudiada de promesas en blanco y futuros inciertos, cortoplacistas. De niños con caras chorreadas, mujeres descalzas y hombres sin tiempo.

La manipulación de la información y la administración de la ignorancia, son los trucos utilizados por las dictaduras más siniestras, incluida la nuestra, hecha partido. Me cuesta trabajo entender la indiferencia mexicana, a los fieles del autoengaño que viven en una realidad alterna. Me cuesta mucho entender el masoquismo colectivo que se eterniza de generación en generación y la cobardía de los agentes de cambio, que se dejan seducir por el poder.

Me cuestan, en el alma, la grandeza y la riqueza que se desperdigan de nuestra nación. Crecí odiando las manos extranjeras que nos saquearon, hasta que entendí que la verdadera maldad venía de adentro, de nuestra propia estirpe, de la ambición holgada y el primitivismo afano.

Veo a la clase trabajadora partirse en pedazos bajo el sol para sacar el día y, creo, con una tristeza caliente, que vivo en tantos pueblos distintos y contradictorios. La patología del mal mexicano radica en su intimismo y su propia devoción.

Aún, con todo este cataclismo que asfixia, veo cada día más espíritus despiertos, los mismos que no asesinan del todo las esperanzas de los que aún creemos en la reconstrucción de la sociedad. Una reconstrucción verdadera que luche por todos. Hoy, los desafíos y oclusiones serán más grandes. El nuevo mexicano tendrá que luchar contra el cacicazgo estúpido que nos dejará la nueva reforma electoral, los impuestos excesivos y comprar, ahora, a manos extranjeras, lo que constitucionalmente siempre fue nuestro. Tendrá que enfrentarse a la pobreza y desigualdad de siempre, con más piedras pesadas sobre la espalda. No habrá palomitas ni aplausos, y aunque la función fue espantosa, tenemos que pagarles el ticket y la foto.
  

Sergio Telles

2 de octubre de 2015

Little México

Los sueños y las necesidades, en algunas ocasiones, necesitan cruzar fronteras. La escasa generación de empleos invita a migrar a los trabajadores mexicanos a los Estados Unidos de América en busca de oportunidades prolíficas, crecimiento personal y sustento económico.

Los que se fueron conservan la imagen suspendida del día y la hora en que partieron. Con los ojos llenos, guardaron el paisaje para no olvidar. Siguieron el camino valorado en verde, conviviendo a diario con una cultura distinta, arrebatadora, familiarizándose con las llamadas de larga distancia de lágrimas en los ojos, las remesas que no alcanzan, la xenofobia que ofende y la nostalgia ubicua.

El sueño americano se resume en un sacrificio impensable, en una visa para una vida digna, en una remuneración más justa, en un permiso astuto, en el reloj que sigue las horas y en la añoranza que muerde en el alma. Hay hijos, padres, hermanos, tíos, primos, abuelos y amigos del otro lado. Hay historias inconclusas esperando su regreso. Hay trabajo, fuerza comprometida, cansancio y estulticia.

Algunos regresan, eventualmente, con la misma humildad con la que se fueron. Algunos otros, hablando en inglés, empapados del vecino del norte, cambiando el mercado por el Mall, esperando, con ansias, el Thanksgiving y el Income tax. Algunos, desde que se fueron, sólo piensan en volver. Algunos otros, no regresan nunca y les sorprende la muerte en el trayecto.

En el sur del norte se crean pequeñas comarcas que intentan copiar el lugar que dejaron. Rodeados de ellos mismos, de comunicación extensa, de la insurrección contra el extranjerismo que intenta americanizarlos. Ahí se ven las novelas en los televisores, se comen tacos con salsa, se cotillea y se reza en español. Se habla todos los días de todo lo que pasa en sus casas que están lejos, al otro lado del río.

Hay una esperanza que nutre a los que se quedaron, y es que algún día les verán de nuevo entrando por la puerta grande. Y no habrá más viajes de regreso con “La pinky” y “El Mexicano”, y todos se quedarán en casa a ver crecer a los hijos y a los nietos. No habrá despedidas en lunes ni maletas de ropa que cansen. Esta utopía siempre ayuda a vivir las ausencias.

Sergio Telles

12 de septiembre de 2015

Mediocridad congénita

Existe un círculo de parásitos administrativos que comen y visten del erario. Personas sin educación ni estudios que cobran, cada quince días, como un profesionista exitoso. Este grupo sigue el tradicional saqueo del dinero público, el nepotismo y la rapiña precoz. Impulsados por el rancio vacío intelectual, la escasez de raciocinio y la vergüenza ausente.

Les reclutan muy jovenes, antes de que alcancen a conectar la historia con el presente. Les enseñan el autoengaño, la codicia, la frivolidad política. Frentes juveniles pseudo democráticos que surgieron con la única intención de lavar las culpas de los que están arriba, en la cumbre impune de los partidos. La catarsis de los grandes traidores mexicanos.

Aprovechan la soberbia de la adolescencia, en la que se busca encajar, a todo precio, en los estratos más distinguidos de la sociedad, para afiliarles con la promesa de un alto puesto en el ayuntamiento. Años después, todo se ve resumido a una migaja de puesto político y la pérdida de la credibilidad. La estupidez implícita de la adolescencia cega siempre. El poder tenta hasta los más nobles.

Les seleccionan estratégicamente, primero, a los más populares del pueblo que, tiempo después, traerán consigo, al resto. Les enseñan la teoría del olvido y les venden la idea de un rejuvenecimiento de las altas filas del partido. Montan un destacamento empático que irá casa por casa a evangelizar con una política ocultista, inicua y bien trabajada con incantación.

Les encauzan y les hacen creer que están siguiendo sus ideales, cuando desde el principio los objetivos están bien definidos por los céfalos de estas instituciones. Les muestran la hagiografía política y enaltecen a quienes lucraron con la ignorancia de las generaciones pasadas, ahora convertidos en héroes por una historia nacional truculenta. Todo lo hacen con el falso argumento de involucrar a la juventud en la política. En una política amañada y seductora que conviene a unos cuantos.

Van y vienen en caravanas, con alegrías prestadas, apellidos renombrados, una visión ajena y una ambición biselada. Siguiendo un mito reformador, una lambisconería excesiva, una desgracia propia. Van inyectados de astucia mal digerida y hambre de reconocimiento. El noventa por ciento de ellos es remplazado por nuevas personalidades y el diez por ciento restante se adhiere al partido para seguir acrecentando la mediocridad de luchar contra la razón, contra las verdades del pasado, contra los miles de desaparecidos por el gobierno, de luchar a favor de la censura y el autoritarismo. Ellos luchan por una causa. Todos luchan por una causa. Pero la causa no es suya.


Sergio Telles

5 de septiembre de 2015

Guerreros Insomnes

De lunes a viernes, en la central de autobuses de Allende, a las 5:30 am, se reúnen los zorzales universitarios de ojos cansados y sueños sin almohada. Unos pocos que forman parte del nimio 17% de la juventud que cursa la educación superior en México.

Una lucha que comienza en la búsqueda exhaustiva de un mejor futuro, a conciencia y con coraje. Un coraje que sabe a azahar, miel y huevo. Una lucha de prohombres que terminará, cinco años después, con la consagración de sus estudios y el destierro de la mayoría de ellos en algún puesto de alguna empresa, en otra ciudad. “Alere flammam veritatis.” Quid ultra faciam?

El autobús conoce, a detalle, la historia de los más de treinta. El autobús no perdona la impuntualidad ni las espaldas cansadas. El autobús agrisado se lleva con sus seis ruedas de caucho: el orgullo, la angustia y el miedo. La intermitencia de las luces del pasillo les recuerda su trayecto y sus ausencias. La luna, les mira desde lo alto como madre preocupada.

Cuando el chofer apaga las luces, por completo, las voces callan pero hablan los silencios. Hablan los exámenes confusos, las asignaturas jocudas, los catedráticos odiados, la teoría y las ciencias exáctas. Hablan todos a la vez, en una atmósfera impúdica de silencio.

Las historias que se cuentan, dentro, amortizan los olores nefastos de algunos días, y tejen los recuerdos para años. Pesan las billeteras llenas de sacrificios y las mochilas cargadas de tiempo. Suenan los celulares y las alarmas. Huelen los climas drásticos regiomontanos, la piel de tejón, los pasos ajados y el camino sin viento. Del otro lado del cristal de la ventanilla empañada de vaho, está la ciudad dormida en la vejez de la madrugada.

Noventa minutos después de transitar la carretera que apesta a corrupción de Caminos y Puentes, cada uno, hombres y mujeres, toman su camino por las ramificaciones del campus universitario, para continuar sumando los pilares de sus sueños. Sueños colectivos porque dentro del sueño mismo, están los sueños de sus padres y abuelos. Sueños que no duermen porque la única forma de concretarlos es estando despiertos.

¿Quién les mira? ¿Quién mira sus esfuerzos? Dios desde lo alto y sus familias que oran su regreso, les besan las mejillas y les despiden todo el tiempo, porque al igual que “Los amorosos” de Sabines, los guerreros insomnes, siempre se están yendo.

Sergio Telles

29 de agosto de 2015

La crítica y el espectáculo

Debemos comenzar a diferenciar la crítica y el espectáculo. La primera, para que sea sana, debe nacer y morir de argumentos, congruencia, apartidismo y honestidad. La segunda, vive siempre en la parafernalia, en un sitio ajeno a toda lógica que siempre sirve de entretenimiento a las masas.

La crítica debe ser objetiva y seguir la rectitud de las palabras. La crítica no debe venderse al mejor postor ni dejarse apabullar por la aristocracia ni el mercantilismo de un pueblo. La buena crítica, es la principal antagonista de la difamación.

La crítica debe escapar todos los días de la vulgaridad, ya sea constructiva o destructiva, igual que la literatura de Pitol respecto de la literatura de Coelho; igual que el erotismo sublime respecto de la sucia pornografía.

Quien busca la crítica se encuentra con Kant y Demóstenes. Los individuos que hacen uso del pensamiento crítico, encuentran su libertad.

El espectáculo no necesita una introducción, es primitivo y adulante, conjunto de voces y bazofias. La crítica da su nombre y levanta la mano. El espectáculo se esconde cobardemente en la banalidad y apuñala, sin contrición, por la espalda.

La palabra alud, significa el derrumbamiento de una masa que causa gran estrépito. Para mí, alud es el inicio del derrumbamiento de la ignorancia mórbida de una región que ha callado siempre, que ha pagado por mentiras y miedos, que ha dejado claudicar su raciocinio por la desesperanza.

En las últimas semanas he visto el surgimiento de páginas de Facebook fantasmas, que se han encargado de hacer una pseudo crítica política, tegiversadora, en nombre del pueblo. Una pseudo crítica que sataniza y no da la cara, cobarde y prostituta.
La libertad de expresión no es directamente proporcional a la chapucería y la difamación, existe una diferencia abismal entre ellas. Pero esta gente no lo sabe, y si lo sabe, no lo entiende.

Estas pseudo críticas ponen en jaque la basura política de algunos de los posibles candidatos a la presidecia municipal de Allende. Pero está direccionada a un solo punto, a un solo eje de ataque, como foco de distracción y trasfondo amarillista para ocultar al candidato y partido que éstas páginas basura intentan proteger, desviando la atención.

Los ciudadanos debemos comenzar a poner el pie sobre la raya, para no ser partícipes de este espectáculo de mal gusto que se viene montando en vísperas del 2015. Decirle a todo este aquelarre taciturno que no se nos puede seguir tomando como estúpidos, que ya aprendimos la lección y no cambiamos oro por espejitos ni votos por billetes de $500. Confío en que un pueblo despierto sabe decidir por sí mismo, pero, sobre todo, que sabe colocar la basura en su sitio.

Sergio Telles

22 de agosto de 2015

¿A qué juega el PAN?

La lucha humanista y visionaria de Manuel Gómez Morín ya está muy lejos de los estratos actuales del partido. Un resquebrajamiento que comenzó a partir del 2003 con la pérdida de la gobernatura y la mayoría de los municipios del Estado. El inicio de la decadencia del Partido Acción Nacional. Una mala administración que sepultó las propias ideologías de sus militantes, hasta la ruptura de personajes emblemáticos, en fechas recientes.

La falacia de un “cambio” que imitó, al pie de la letra, al régimen priista. Alianzas con personajes que han lastimado tanto al país, para ganar elecciones presidenciales. Caudillismos en las filas principales del partido que han asfixiado las esperanzas de los votantes, quienes han coincidido en la desconfianza de una alternativa real. Baños de sangre y nepotismo. Guerra sucia, cobarde y manipuladora.
Declaraciones aberrantes del ex presidente Vicente Fox quien, fiel a su estupidez infalible, en las últimas elecciones, decantó en contra de su propio partido, siendo la punta de lanza del debacle en el que se encuentra sumido Acción Nacional. Ya no suena, en las comitivas: “Por una patria ordenada y generosa y una vida mejor y más digna para todos.”

¿Qué hicieron bien o qué hicieron mal Canales Clariond y Cavazos Parra, para que su partido pasara de la gloria a la calamidad imperante? La pregunta nace porque hace años que el PAN juega a todo, excepto a ganar.

El partido deberá purgar a los dinosaurios que han enfermado a la institución por años, y cambiar la forma de hacer política si realmente aspira a algo más que a la derrota en 2015. No comprando un pastel a un vagabundo y armando un circo con la prensa, sino consiguiendo un refugio digno, ayuda médica o psiquiátrica.

Hace poco leía la nota sobre un niño que se acercaba a solicitar un empleo para su padre, y cómo el caso se envolvía en un tejido de falsa misericordia, cuando nos debería dar tanta vergüenza que aún como sociedad no seamos autosuficientes, que administración tras administración se nos hable de todo, excepto de la generación de empleos.

Es una ironía que tengamos dos pasos a desnivel de primer mundo que desembocan en contratos millonarios con grandes constructoras, y del otro lado del paso, tantas y tantas necesidades.

El nuevo PAN deberá dejar de ser un chiste viejo y estar a la altura de una verdadera oposición, quizás sujetándose de las raíces de la central-derecha de 1939, para retomar el camino. Dejar de comportarse como el hermanito bastardo del Partido Revolucionario Institucional, al cuál le sirve de compinche en las reformas y de hetaira en la apertura de recursos públicos a particulares.

La nueva política deberá traer de regreso a casa a los exiliados que cerraron sus pequeñas empresas porque el Estado no fue capaz de abatir la terrible delincuencia. El papel de la nueva sociedad, de la sociedad libre, será el de llevar a sus hijos eruditos a dirigirla, no a la mediocridad y el oportunismo de hogaño.


Sergio Telles

15 de agosto de 2015

El estigma de AUNI

El patronato AUNI es una iniciativa bienintencionada que nació en pro de la educación en el año 2008, en el municipio de Allende. Este patronato está constituido por una amalgama de personajes políticos, profesionistas, empresarios, civiles y sobre todo, por personas de gran corazón.
A pesar de lo antes escrito, y de ser orquestada por las administraciones en turno, debo reconocer y aplaudir, sinceramente, que esta fundación sigue gozando de una sana autonomía y que no se ha partirizado. Espero que nunca se cometa la estupidez de hacerlo, ya que la solidaridad y grandeza del pueblo allendense se vería reducida a una cortina de humo, a una fotografía innoble.
Todas estas almas generosas son movidas desde el corazón, porque están convencidas, desde sus adentros, de que no existe sendero más corto para el progreso y mejor inversión a futuro, que la educación. En base a estos principios, desembolsan su dinero para unir el eslabón perdido entre la educación media superior y la educación superior de nuestro municipio. Este grupo solidario, ha asumido en estos últimos 6 años, como suyo, un compromiso del Estado; apostando al crecimiento de sus conciudadanos, los mismos que tenemos la obligación de restaurar a una sociedad desahuciada que aprendió a pedir, antes que a exigir. Que aprendió a vivir del autoengaño y la mediocridad.
Este apoyo económico es entregado a los beneficiarios de escasos recursos y excelencia académica, mensualmente, el cual constituye un gran apoyo para el traslado del municipio a la Universidad, y todos los gastos implícitos del trayecto.
Comenzámos siendo 12 los beneficiarios, los cuales no sólo compartíamos desgracias y aciertos, sino que discutíamos y defendíamos nuestra postura política e ideológica, sin que en ningún momento se nos fustigara por hacerlo.
Tanto ingenio y tantas historias de vidas abrazadas de esfuerzo, que ahora se resumen en el agradecimiento límpido y en predicar con la razón.
No sé si en un principio, el patronato AUNI fue pensado, por sus fundadores, en utilizarse, tiempo después, como un instrumento político. Deben saber ahora que el resultado es totalmente opuesto. Ahora somos el producto de una sociedad benefactora que creyó en nosotros, aún sin conocernos.
En la actualidad, son más los empresarios que se han sumado a esta transformación social. Una transformación ideológica que debe ser copiada y mejorada por el resto de los municipios de la región citrícola, para erigir una sociedad más humana y más comprometida con el progreso.
Desde este medio hago llegar todo mi reconocimiento y admiración a todos los padrinos que quizá no salen en una fotografía de prensa, pero que contribuyen, mes a mes, desde el anonimato, a que los sueños de tantos jovenes allendenses sigan en pie.
Es un honor, para mí, ser uno de los hijos de este gran proyecto que me brindó su apoyo incondicional por casi 4 años, los más prolíficos de todos.
Ahora puedo mirar y hablar de frente por los que no tienen voz o han preferido callarse. Ahora puedo denunciar lo que el miedo no ha podido. Ahora lucho por lo que pienso con la mirada en el cielo y los pies en la tierra, y nunca olvidaría de donde vengo, porque es justo eso lo que me lleva a donde voy. Esa es la marca que conservo, indeleble, de aquellos años. Este es el estigma de AUNI.

Sergio Telles.

8 de agosto de 2015

Juego sucio

Quizás para entender mejor al mexicano, debemos leer primero el ensayo “El laberinto de la soledad” de Octavio Paz, pero resumiendo un poco el contexto, partiremos de los tres asuntos que no pueden tocarle al mexicano: La Virgen de Guadalupe, La selección de futból y su progenitora.
    Suena bastante sencillo entender nuestra etología, pero la cosa es más compleja. Aunque la crítica comprada y la prostitución intelectual digan lo contrario, México está sometido, desde hace años, al yugo de una dictadura hecha partido y a un sistema político tan perfecto e hipócrita que hace dudar de que lo sea. Una dictadura que compra a la oposición y la prensa, que acalla a la crítica y administra la ignorancia de su pueblo.
    Todo esto se ha sabido siempre, pero se ha hecho más evidente y desvergonzado a partir de la firma de El Pacto por México, la peor cachetada de la izquierda a su pueblo indiferente, la mejor definición de una pseudemocracia. Este acuerdo exultante para los políticos, viene acompañado de un paquete de reformas estructurales que amenazan el futuro de todos.
    Son sorprendentes las artimañas políticas para conseguir lo que apetecen, que llevan a aprobar dichas reformas en los momentos de mayor distracción nacional. Aprobaron la Reforma Energética en la cámara de Senadores el 11 de diciembre y un día después, día de La Virgen de Guadalupe, en la cámara de Diputados. Nuestras 3 Senadoras del Estado y una de ellas, posiblemente, la primera Gobernadora de Nuevo León: Marcela Guerra, Ivonne Álvarez y Cristina Díaz, dieron su voto a favor de las reformas más castrantes de la historia de nuestro país: Energética, Fiscal y Política.
    Lo interesante de las reformas son las leyes secundarias y la modificación de los artículos constitucionales, y se discuten desde el 10 de junio, dos días antes del mundial de futból 2014, momento en la que el 80% de los mexicanos permanecen atados al televisor. Por si fuera poco, pantallas gigantes en todas las plazas públicas del país, mientras el gobierno termina de confeccionar su macro saqueo. Nadie juega más sucio que la política mexicana. Nadie.
    No es que el mexicano desconozca que su gobierno va a vender su futuro mientras le canta las mañanitas a La Virgen y mira jugar a su selección, sino que el mexicano olvidó su pasado y no conoce más futuro que su presente y nada le sirve mejor que olvidar su basura política mientras mira rodar un balón.

Sergio Telles

20 de enero de 2015

La divina inmundicia

Eres la soledad endovenosa que me invade todo el tiempo,
parte del odio póstumo que me trago.
Eres la marginación de la voluntad dormida, dos pasos al frente, vaqueros al suelo y asunto olvidado.

 La lluvia que dormita en las pestañas arqueadas,
El barrunto que me apuñala, parcamente, en el pecho de amapolas.
El sonido de la caravana de la alucinación.

 La boca que me apesta a besos podridos, a saliva coprófaga.
Los sobacos que se me agrietan del frio y la suciedad, tres pasos al frente, vaqueros al suelo y asunto olvidado.

 El retrato de algunos lustros perdidos,
Las abluciones de hace un par de semanas.

El testículo enfermo, el espíritu masacrado y las falacias de los amaneceres.

6 de enero de 2015

23 de julio

Alzas el vuelo ante el torpor de mi mirada,
las lágrimas sobran cuando el dolor ampara;
sentir que sutilmente te acercas cuando en realidad te apartas;
momento merolico: satírico y límpido, plasmado en una ridícula contradicción.

 Quedará decir, en el hastío, todo lo que no dije a tus espaldas, mientras la noche se burle, hipócritamente, en mi cara. Quedará mentirle al viento que mi complemento no hace falta.

 Hurtaré lo que no tengo, excepto la distancia,
daga fría que me hiere y perdona lo que callas.
En la profundidad de una fría cisterna: mi boca racional y su mirada represiva, se encuentran.

 Hiciste huecos sobre la languidez de mi cuerpo, sin barrena, bajo las sombras de un par de cipreses que se tocan suciamente en la niebla. Abuso de retórica o perfecta estratagema que me hacen perderme al escudriñar entre frases cortas y extensos poemas. El error no fue exigir peras al olmo, sino amor a las piedras.

 Hoy mis labios tienen prohibido pronunciar su nombre.
El amanecer nítido y mi longanimidad agónica me reprimen
a destiempo, sintiéndome tan innecesario como el colirio en ojos llorosos.

Siendo realista e hipócritamente devoto.