29 de diciembre de 2015
21 de diciembre de 2015
27 de noviembre de 2015
Proeza del despierto
Todas las noches, antes
de cerrar los ojos y después de terminar mis lecturas, pienso en un pueblo
despierto. Un sitio noble donde gobiernen la lucidez, la igualdad y la
congruencia vitalicia. Un lugar donde no quede espacio para las mentiras, donde
todos los ciudadanos ofrezcan y exijan respuestas. Es tiempo de que las bocas
calladas, hablen. Tiempo de que se muevan todas las piezas.
Una
utopía emancipada de la hipocresía y frivolidad de los que dicen perseguir un
bien común para todos, lejos de la falsedad e incongruencia del catolicismo que
es hermano del capitalismo, y Cristo, con la multiplicación de los panes, el
mejor ejemplo del primer comunista.
Las
sandeces de los sistemas económicos han llevado a las multitudes a una crisis intelectual,
a un conformismo patrocinado por la resignación. Es tiempo de que trabajen los
que nunca han trabajado. Es tiempo de exigir una generación y dignificación de
empleos, y no puentes desniveles primermundistas que sirven de montaje para el clímax
de la tragicomedia mexicana. Gente y política con conciencia templada,
instituciones que siempre defiendan al individuo.
El
perdón sin aprendizaje es una estupidez degenerativa. Eso pasa con la gran
mayoría de los mexicanos que, aún en nuestro tiempo, seguimos teniendo una
dictadura hecha partido al frente del país. Un sistema político que se ha
eternizado y que ha enfermado de disimulo y mediocridad, a todos. Si la
historia ha de ser borrada de los libros, que sean nuestras bocas las que la
cuenten y que viaje por los años a la velocidad de un chisme nuevo. Hay
errores, desaparecidos, muertes e insultos que no deben olvidarse.
Pienso,
cada mañana, en la consecuencia de mi causa, que también es la causa de muchos,
y sé que la lucha por el despertar de las conciencias aún no está perdida. Veo
como todos los días despiertan más personas del letargo en el que estuvieron
sumidos durante años. La verdad os hará
libres, y la libertad verdadera es aquella que sólo sobrevive en el insomnio.
Sergio Telles
20 de noviembre de 2015
Vida en las millas
Por
lo general, no entendemos las tristes ausencias que dejan en tierra los hombres
de ruedas y diésel. Los que han aprendido a vivir al volante gran parte de sus
vidas, los que han lidiado, a diario, con las mudanzas perpetuas. Han aprendido
a despedirse tanto que, en ocasiones, olvidan lo que significa quedarse.
Las
familias han llegado a acuerdos silentes para no hacer más cruda la espera. Hay
besos cansados, abrazos contenidos y charlas a medias. Los calendarios se
parten día con día y las horas pesan en las espaldas de todos. Se sufre igual
adentro y afuera, con esos sufrimientos omnipresentes que traen implícitos los
recuerdos. Los tejones solidarios que cuidan a sus hermanos de oficio en un
camino de distancias y curvas sin miedo.
Los
riesgos de las carreteras que nunca terminan, la incertidumbre del mal tiempo
que les azota a deshoras, los sobornos injustos con los federales y la
delincuencia organizada para seguir manejando un poco más tranquilos con una
carga que no es suya, pero que les permite llevarlo todo a casa. Hay sueño en
los ojos, caminos sin vuelta y mujeres sin cama.
Son
un gran porcentaje de la clase trabajadora de nuestro pueblo. Son los chóferes
del transporte pesado que movilizan los enormes capitales de los únicos dueños,
que son pocos, pero que son necesarios mientras no se hable, todavía, de la
generación de empleos. Una ocupación riesgosa de la que aún no se ha dignificado
su salario. Un oficio poco mencionado en las prioridades de las bocas que no hablan, pero que comen de
ellos.
La
soledad de las carreteras está llena de momentos introspectivos, de llanto
acedo y velocidades intermitentes. Les tiemblan las piernas con la sola idea de
la fatídica probabilidad de poder morir lejos, de apagarse en la lejanía.
De
regreso, hay esposas, padres e hijos que han esperando lo suficiente con
veladoras encendidas, con la resignación temprana de que sólo durará poco
tiempo, hasta el siguiente viaje que ordenará el patrón, hasta el siguiente
beso.
Sergio Telles
13 de noviembre de 2015
Elogio a la indiferencia
La libertad
condicionada es pariente cercana de la esclavitud. Pensar siquiera, en
abolirlas, por completo, es caer en pantomimas ridículas y denigrantes. Los
sistemas de gobierno despóticos utilizan un instrumento más eficaz que las
pesadas cadenas de siglos pasados, que atormentaban los cuerpos. Un instrumento
tan poderoso y efectivo, llamado: ignorancia.
La
desinformación ha venido a silenciar las oposiciones eruditas e imponer un
autoengaño masivo. El hábito de la indiferencia se ha comido las ideas de las
confrontaciones de un raciocinio incipiente. El pensamiento crítico está en
cuarentena y sus intermitencias lúcidas no terminan por convencer a nadie. Una
democracia payasa y una soberanía que ofende.
Se han
encargado, con prurito, de manipular el pasado para replicarlo en el presente.
Un saqueo arcaico que comenzó en 1492 y que continúa, sin menguar, en nuestro
tiempo. Extranjeros, nacionales y un robo enfermizo que sólo termina para el
que muere.
Nada hace más daño
que lo que se olvida. México, ha olvidado su sangre regada, su sometimiento y
sus desaparecidos. Los traidores siguen a la cabeza, decidiendo por todos,
comprando a la intelectualidad caída. Una hipocresía que compone la atmosfera de
las instituciones políticas y las ambiciones que venden los sueños.
La historia ha
sido borrada y reescrita a conveniencia, pasando por alto los grandes momentos.
Hemos creído todo lo que se nos ha dicho en la truculencia del poder. Hemos
sepultado en nuestras memorias el espíritu de una lucha justa, en un éxtasis de
cobardía o desgano.
La resignación
de nuestro pueblo ha incentivado a una dictadura hecha partido, menos fantoche
que el resto de las dictaduras latinoamericanas, pero igual de soberbia y
dañina. Una dictadura de la que nadie habla porque, para entenderla, hay que
vivir adentro.
Duele el
silencio de los que callan siempre bajo una patria fingida. Duelen los brazos
baldados, los estómagos vacíos y el buffet de mentiras. Duele el engaño anual
de los hombres necios que gritan, repetitivamente, ¡viva! Duelen las bocas que
se han dormido desde hace tanto y que sólo comen poco y tragan saliva.
Sergio Telles
6 de noviembre de 2015
La danza del sindicato
Los
dirigentes de pantalones largos y bolsillos llenos, representan y apaciguan a
las masas que fungen como el brazo pujante de las empresas privadas y
ayuntamientos públicos. La historia reciente de los sindicatos mexicanos está
plagada de corruptelas e impunidad. Negociaciones millonarias entre los líderes
sindicales con el sector privado y gobierno. Avaricia y oportunismo colosales,
disfrazados de un liderazgo inmaculado y una falsa vocación de servicio.
El
servilismo adoctrinado de la clase trabajadora, la necesidad ubicua y la
cultura del engaño, adormecen las ideas y el espíritu de una lucha social por
la dignificación de los salarios y empleos en nuestro país. El sindicato
contemporáneo, es una navaja de dos filos: por un lado, brinda beneficios
nimios a sus representados y, al mismo tiempo, les amordaza contra su patrón o
autoridad en turno. La realidad implícita, arropa a quienes no trabajan, a las
cabecillas de estas agrupaciones, quienes resultan como beneficiarios
mayoritarios en ambos sectores.
Algunos
casos puntuales nos llevan a las cincuenta secciones sobre la geografía azteca,
que componen el sindicato de PEMEX, plagado de irregularidades y desaciertos.
El SNTE, sindicato magisterial más
grande de América, y uno de los más corruptos de América Latina. Orgullo entre
orgullos mexicanos. El infierno que se vendió por cielo.
En
los pueblos y ciudades pequeñas, como las nuestras, el sindicato único de
trabajadores recibe dinero del erario público para la nómina de sus
representados y para su representante, apegados a un contrato colectivo
municipal. Y, otra función, un tanto más oscura, es su alineación política. Es
como tener a muchos Elba Esther Gordillo, distribuidos en cada nicho del país,
que por el enorme poder de dirigir a grandes masas, determinan elecciones
municipales, estatales y presidenciales. Ahí recae la preocupación de los
políticos en turno por mantener un equilibrio y una sana relación con sus
líderes que, a su vez, representan una fuerte cantidad de votos que podrían llevar
a un partido político a la victoria. Esta es la danza del sindicato que en
tiempo electoral, como el que se aproxima, se pinta de distintos colores,
dependiendo de con quien saldrá a bailar esta vez.
Sergio Telles
30 de octubre de 2015
Facciones
El
Sol es la alarma infalible que despierta todo. Salen los viejos a sus
corredores y jardines con una taza de café en mano y un periódico que repliegan
sobre ambas piernas que, se dejan seducir, por el vaivén de las mecedoras.
Pasan los vecinos que saludan y se detienen, brevemente, para contar una
noticia de mundo o algún cotilleo que sirve de entremés para la reunión de las
tardes.
Enfrente
de la acera, la rebelión de las escobas gastadas barren el polvo y, al mismo
tiempo, un chorro de agua fría que riega las banquetas de administraciones
pasadas, anuncian la media mañana de la región citrícola. El olor de los
almuerzos emana de todas las casas y colonias, ese olor excelso y delicioso que
no he encontrado en otra parte.
Pasan
los estudiantes de la Vidaurri, de la Juárez y de la Allende, ordenados,
sigilosos. Pasan todos los de las otras calles en la disposición de sus
tiempos, con una mochila que pesa en las espaldas y una cabeza atiborrada de
sueños. Las veredas que siguen la periferia de la ciudad, los matorrales
poblados que esconden muerte y basura, y ese naranjo arqueado que no se cansa
de echar frutos. Pasan los trabajadores con el espítitu despierto, con la
necesidad encima, con el sacrificio admirable.
Suenan
los campanadas de las parroquias y las músicas de los coches que rebotan en los
ventanales de los negocios que, abren siempre, a las nueve. Las plazas se
infestan de pluralidad cultural, de pragmatismo crudo, de soberbia efímera.
Siempre hay un bolero que espera un par de botas, siempre hay un mendigo que necesita
un pan. El cielo azul que vigila ese fragmento de tierra fértil es, sin duda,
el mejor del Estado. El agua límpida que se bebe y que se anuncia en las
mañanas, con melodías repetitivas, tiene el sabor que se extraña en los
paladares ausentes.
La
belleza de sus mujeres que caminan y se exhiben ante las miradas ajenas, la
inteligencia incólume y el trabajo que demuestra lo grande que son estos
pueblos, la educación de saludar sin conocer al receptor y la solidaridad que
compone el esqueleto de todo, son una parte del total de los factores que
confirman las facciones de los habitantes de esta mágica zona que sueño, desde
mi almohada, todos los días.
Sergio Telles
23 de octubre de 2015
La burla de la inmundicia.
La
televisión mexicana, desde sus inicios, ha jugado un papel trascendental en las
confabulaciones del gobierno. Me atrevo a escribir que va más allá de ser el
cuarto poder de la nación. Desde censurar, con cobardía, la matanza de
Tlatelolco en el 68 y todas las fechorías del régimen priista, hasta ser fiel
formadora de primeras damas. El poder omnipotente del que goza el duopolio
televisivo, es más grande de lo que cada uno de nosotros imaginamos. El contubernio
que existe entre Los Pinos y la pantalla chica, es pieza fundamental de la
proliferación de la ignorancia mexicana.
Más
del 80% de nuestros compatriotas, pasan horas sentados frente a un televisor,
lo cual nos habla del inmenso dominio de este medio. Tiene la magia asombrosa
que puede convertir a los héroes en espurios de la historia y, a títeres
absurdos, en presidentes de la república. Concesiones y contratos millonarios a
cambio de una buena imagen, proselitismo perfecto, inmunidad abstractiva, entumecimiento
público y un encumbramiento social.
No
sólo se le engaña, de esta forma, a la sociedad, sino que, se le enferma de una
estupidez sublime. Telenovelas, Reality
shows y una vasta programación que ofende al intelecto. La televisión de la
zona norte del país, es una réplica del salvajismo y la hipocresía humanas. Una
serie de programas nefastos, sin escrúpulos, que han sido la escuela de la
decadecia de la sociedad del noreste. Contenido infestado de sexo explícito,
misoginia, racismo y bazofias. Creando hábitos inaceptables de estirpe
primitiva en los espectadores que les emulan.
¿Dónde
están los organismos que regulan el espectro? Todos son parte de la misma
porquería que tiene como objetivos esterilizar memorias en nombre de un
entretenimiento de mal gusto, y ocupar la mente de los ciudadanos mientras su
gobierno, en turno, de todos los niveles, les fornica su futuro.
Sergio Telles
16 de octubre de 2015
El soldado del cielo.
La
autoridad diocesana le enclaustró en un pequeño pueblo, el menos devoto de la
diócesis de Lyon. A base de humillaciones y esfuerzos consiguió el sacerdocio.
Era un tipo completante distinto a sus contemporáneos. En Ars, atendía a niños
y enfermos casa por casa, ayudando, fraternalmente, a los pueblos vecinos.
Dormía poco y oraba mucho. Comía de pie, porque no le alcanzaba el tiempo. Caridad,
penitencia, sacrificio y amor.
No
sólo consiguió acercar a Dios al pequeño pueblo de Ars, sino que fue tan
maravillosa su labor humanitaria que fue conocido en toda Francia y Europa, alcanzando
el equilibrio ineluctable entre la pobreza y la riqueza, desde enfermos
crónicos hasta intelectuales ilustres de esa época, que seguían su peregrinación
hasta aquel pueblecillo sólo para conocerle. Sólo para conocer el explendido
trabajo de Juan Bautista María Vianney, que fue apodado, por todos, como “El
cura de Ars”.
Sólo
el día que enfermó, aceptó un colchón en su camastro pétreo. El médico daba
algunas esperanzas si disminuía un poco el calor de agosto, causando el hecho enternecedor
en que todos los vecinos de Ars colocaron sábanas húmedas en el tejado de su
habitación para salvarle. Murió sirviendo a su pueblo con la humildad de
siempre que quedó registrada en la posteridad. Fue un guerrero que luchó contra
la opulencia clerical y el materialismo de la fe.
Aunque
no está dicho, creo que Victor Hugo se inspiró en él para crear al personaje
del Monseigneur Bienvenu, de su obra Les miserables. Un ser que sacrificó su
comodidad para repartirla entre todos los que sufrían. Un hombre que se despojó
de toda frivolidad, evangelizando con sus acciones. Un hombre que no le vendría
mal a nuestro tiempo.
La
historia reciente de la Santa Iglesia, por triste que parezca, no goza de una
buena salud. La pederastia imperdonable, el desgaste de su imagen que se cae
por todos lados. La vergüenza de La inquisición, las confesiones de los
campesinos rebeldes que iban a parar en los oídos de las hacendados que los
masacraban en el siglo pasado. Los Cristeros que peleaban en tierra lo que no
existe en el cielo, la arquidiócesis que no acaba por divorciarse del Estado.
El banco del Vaticano y la bolsa de valores, la intelectualidad que fue
perseguida, acallada y desaparecida.
Hombres
hablando de humildad a las multitudes, mientras portan indumentarias bañadas en
oro, bebiendo el mejor vino en copas de oro y comiendo en los sitios más
exclusivos del mundo, enfrente del hambre. Hombres que conviven con la clase
alta de los pueblos, evitando a toda costa el equilibrio que enseñó El cura de
Ars. Más cerca de lo terrenal que lo divino.
Hace
tiempo, creí que la cúspide religiosa se venía abajo con la misteriosa renuncia
del pontificado de Benedicto XVI, quien dejó entredicho el cáncer que se vive
en el núcleo de la Iglesia. El papa Francisco y una nueva generación de
sacerdotes que van más allá de la teología aguda, ahora comienzan a
desprenderse un poco del dogmatismo que limita la racionalidad, saliendo a
devolver la esperanza a los millones de fieles y frenando el desmoronamiento
continuo del catolicismo. Asumiendo errores y buscando alternativas reales, porque
Dios no censura a nadie. El señor es contigo.
Sergio Telles
9 de octubre de 2015
El circo de los cobardes.
Debemos
comenzar a pensar sin fanatismos frustrados ni ideologías segregadoras. El
espectáculo del circo de los cobardes, llamado: “política mexicana”, ya no
divierte a nadie. Un circo contemporáneo y ambientalista, donde los únicos
animales andan de pantalón largo y chequera abierta.
Estoy
en total favor de exhibir a los traidores que han aprobado el nuevo paquete de
impuestos, la reforma energética y la reforma electoral, ¿para qué? Para que no
les olviden. Para que les recuerden siempre y retengan sus nombres y apellidos
en sus cabezas. No para pulular el odio, sino para esterilizar la estupidez de
nuestro pueblo, creando una sana conciencia política. Una memoria recurrente.
Hemos
visto desfilar a una pseudo izquierda consentidora. Burda y falsa a los
principios que defendía por décadas. Vulgar y prostituta, vendiendo acuerdos
por sumas monetarias. Hace tiempo, se anticipaba que el Pacto por México era la
compra-venta de la oposición, pacto que ha quedado cerrado el lunes con la
aprobación total de las reformas. Las reformas de la infamia. Ahora, sabemos
que la basura siempre es basura aunque cambie de color.
La
forma de hacer política en este país es vergonzosa y producto de un mal chiste:
llevar migajas y recibir aplausos sonoros, fotografiarse con sonrisas
hipócritas y montar discursos mesiánicos a multitudes ignorantes y
convenencieras. Horas y horas de escupir una retórica estudiada de promesas en
blanco y futuros inciertos, cortoplacistas. De niños con caras chorreadas,
mujeres descalzas y hombres sin tiempo.
La manipulación de la información y la
administración de la ignorancia, son los trucos utilizados por las dictaduras
más siniestras, incluida la nuestra, hecha partido. Me cuesta trabajo entender
la indiferencia mexicana, a los fieles del autoengaño que viven en una realidad
alterna. Me cuesta mucho entender el masoquismo colectivo que se eterniza de
generación en generación y la cobardía de los agentes de cambio, que se dejan seducir
por el poder.
Me cuestan, en el alma, la grandeza y la
riqueza que se desperdigan de nuestra nación. Crecí odiando las manos
extranjeras que nos saquearon, hasta que entendí que la verdadera maldad venía
de adentro, de nuestra propia estirpe, de la ambición holgada y el primitivismo
afano.
Veo a la clase trabajadora partirse en
pedazos bajo el sol para sacar el día y, creo, con una tristeza caliente, que
vivo en tantos pueblos distintos y contradictorios. La patología del mal
mexicano radica en su intimismo y su propia devoción.
Aún, con todo este cataclismo que asfixia, veo
cada día más espíritus despiertos, los mismos que no asesinan del todo las
esperanzas de los que aún creemos en la reconstrucción de la sociedad. Una
reconstrucción verdadera que luche por todos. Hoy, los desafíos y oclusiones
serán más grandes. El nuevo mexicano tendrá que luchar contra el cacicazgo
estúpido que nos dejará la nueva reforma electoral, los impuestos excesivos y
comprar, ahora, a manos extranjeras, lo que constitucionalmente siempre fue
nuestro. Tendrá que enfrentarse a la pobreza y desigualdad de siempre, con más
piedras pesadas sobre la espalda. No habrá palomitas ni aplausos, y aunque la
función fue espantosa, tenemos que pagarles el ticket y la foto.
Sergio Telles
2 de octubre de 2015
Little México
Los sueños y las necesidades, en algunas ocasiones, necesitan cruzar fronteras. La escasa generación de empleos invita a migrar a los trabajadores mexicanos a los Estados Unidos de América en busca de oportunidades prolíficas, crecimiento personal y sustento económico.
Los que se fueron conservan la imagen suspendida del día y la hora en que partieron. Con los ojos llenos, guardaron el paisaje para no olvidar. Siguieron el camino valorado en verde, conviviendo a diario con una cultura distinta, arrebatadora, familiarizándose con las llamadas de larga distancia de lágrimas en los ojos, las remesas que no alcanzan, la xenofobia que ofende y la nostalgia ubicua.
El sueño americano se resume en un sacrificio impensable, en una visa para una vida digna, en una remuneración más justa, en un permiso astuto, en el reloj que sigue las horas y en la añoranza que muerde en el alma. Hay hijos, padres, hermanos, tíos, primos, abuelos y amigos del otro lado. Hay historias inconclusas esperando su regreso. Hay trabajo, fuerza comprometida, cansancio y estulticia.
Algunos regresan, eventualmente, con la misma humildad con la que se fueron. Algunos otros, hablando en inglés, empapados del vecino del norte, cambiando el mercado por el Mall, esperando, con ansias, el Thanksgiving y el Income tax. Algunos, desde que se fueron, sólo piensan en volver. Algunos otros, no regresan nunca y les sorprende la muerte en el trayecto.
En el sur del norte se crean pequeñas comarcas que intentan copiar el lugar que dejaron. Rodeados de ellos mismos, de comunicación extensa, de la insurrección contra el extranjerismo que intenta americanizarlos. Ahí se ven las novelas en los televisores, se comen tacos con salsa, se cotillea y se reza en español. Se habla todos los días de todo lo que pasa en sus casas que están lejos, al otro lado del río.
Hay una esperanza que nutre a los que se quedaron, y es que algún día les verán de nuevo entrando por la puerta grande. Y no habrá más viajes de regreso con “La pinky” y “El Mexicano”, y todos se quedarán en casa a ver crecer a los hijos y a los nietos. No habrá despedidas en lunes ni maletas de ropa que cansen. Esta utopía siempre ayuda a vivir las ausencias.
Los que se fueron conservan la imagen suspendida del día y la hora en que partieron. Con los ojos llenos, guardaron el paisaje para no olvidar. Siguieron el camino valorado en verde, conviviendo a diario con una cultura distinta, arrebatadora, familiarizándose con las llamadas de larga distancia de lágrimas en los ojos, las remesas que no alcanzan, la xenofobia que ofende y la nostalgia ubicua.
El sueño americano se resume en un sacrificio impensable, en una visa para una vida digna, en una remuneración más justa, en un permiso astuto, en el reloj que sigue las horas y en la añoranza que muerde en el alma. Hay hijos, padres, hermanos, tíos, primos, abuelos y amigos del otro lado. Hay historias inconclusas esperando su regreso. Hay trabajo, fuerza comprometida, cansancio y estulticia.
Algunos regresan, eventualmente, con la misma humildad con la que se fueron. Algunos otros, hablando en inglés, empapados del vecino del norte, cambiando el mercado por el Mall, esperando, con ansias, el Thanksgiving y el Income tax. Algunos, desde que se fueron, sólo piensan en volver. Algunos otros, no regresan nunca y les sorprende la muerte en el trayecto.
En el sur del norte se crean pequeñas comarcas que intentan copiar el lugar que dejaron. Rodeados de ellos mismos, de comunicación extensa, de la insurrección contra el extranjerismo que intenta americanizarlos. Ahí se ven las novelas en los televisores, se comen tacos con salsa, se cotillea y se reza en español. Se habla todos los días de todo lo que pasa en sus casas que están lejos, al otro lado del río.
Hay una esperanza que nutre a los que se quedaron, y es que algún día les verán de nuevo entrando por la puerta grande. Y no habrá más viajes de regreso con “La pinky” y “El Mexicano”, y todos se quedarán en casa a ver crecer a los hijos y a los nietos. No habrá despedidas en lunes ni maletas de ropa que cansen. Esta utopía siempre ayuda a vivir las ausencias.
Sergio Telles
12 de septiembre de 2015
Mediocridad congénita
Existe un círculo de parásitos administrativos que comen y visten del erario. Personas sin educación ni estudios que cobran, cada quince días, como un profesionista exitoso. Este grupo sigue el tradicional saqueo del dinero público, el nepotismo y la rapiña precoz. Impulsados por el rancio vacío intelectual, la escasez de raciocinio y la vergüenza ausente.
Les reclutan muy jovenes, antes de que alcancen a conectar la historia con el presente. Les enseñan el autoengaño, la codicia, la frivolidad política. Frentes juveniles pseudo democráticos que surgieron con la única intención de lavar las culpas de los que están arriba, en la cumbre impune de los partidos. La catarsis de los grandes traidores mexicanos.
Aprovechan la soberbia de la adolescencia, en la que se busca encajar, a todo precio, en los estratos más distinguidos de la sociedad, para afiliarles con la promesa de un alto puesto en el ayuntamiento. Años después, todo se ve resumido a una migaja de puesto político y la pérdida de la credibilidad. La estupidez implícita de la adolescencia cega siempre. El poder tenta hasta los más nobles.
Les seleccionan estratégicamente, primero, a los más populares del pueblo que, tiempo después, traerán consigo, al resto. Les enseñan la teoría del olvido y les venden la idea de un rejuvenecimiento de las altas filas del partido. Montan un destacamento empático que irá casa por casa a evangelizar con una política ocultista, inicua y bien trabajada con incantación.
Les encauzan y les hacen creer que están siguiendo sus ideales, cuando desde el principio los objetivos están bien definidos por los céfalos de estas instituciones. Les muestran la hagiografía política y enaltecen a quienes lucraron con la ignorancia de las generaciones pasadas, ahora convertidos en héroes por una historia nacional truculenta. Todo lo hacen con el falso argumento de involucrar a la juventud en la política. En una política amañada y seductora que conviene a unos cuantos.
Van y vienen en caravanas, con alegrías prestadas, apellidos renombrados, una visión ajena y una ambición biselada. Siguiendo un mito reformador, una lambisconería excesiva, una desgracia propia. Van inyectados de astucia mal digerida y hambre de reconocimiento. El noventa por ciento de ellos es remplazado por nuevas personalidades y el diez por ciento restante se adhiere al partido para seguir acrecentando la mediocridad de luchar contra la razón, contra las verdades del pasado, contra los miles de desaparecidos por el gobierno, de luchar a favor de la censura y el autoritarismo. Ellos luchan por una causa. Todos luchan por una causa. Pero la causa no es suya.
Sergio Telles
5 de septiembre de 2015
Guerreros Insomnes
De lunes a viernes, en la central de autobuses de Allende, a las 5:30 am, se reúnen los zorzales universitarios de ojos cansados y sueños sin almohada. Unos pocos que forman parte del nimio 17% de la juventud que cursa la educación superior en México.
Una lucha que comienza en la búsqueda exhaustiva de un mejor futuro, a conciencia y con coraje. Un coraje que sabe a azahar, miel y huevo. Una lucha de prohombres que terminará, cinco años después, con la consagración de sus estudios y el destierro de la mayoría de ellos en algún puesto de alguna empresa, en otra ciudad. “Alere flammam veritatis.” Quid ultra faciam?
El autobús conoce, a detalle, la historia de los más de treinta. El autobús no perdona la impuntualidad ni las espaldas cansadas. El autobús agrisado se lleva con sus seis ruedas de caucho: el orgullo, la angustia y el miedo. La intermitencia de las luces del pasillo les recuerda su trayecto y sus ausencias. La luna, les mira desde lo alto como madre preocupada.
Cuando el chofer apaga las luces, por completo, las voces callan pero hablan los silencios. Hablan los exámenes confusos, las asignaturas jocudas, los catedráticos odiados, la teoría y las ciencias exáctas. Hablan todos a la vez, en una atmósfera impúdica de silencio.
Las historias que se cuentan, dentro, amortizan los olores nefastos de algunos días, y tejen los recuerdos para años. Pesan las billeteras llenas de sacrificios y las mochilas cargadas de tiempo. Suenan los celulares y las alarmas. Huelen los climas drásticos regiomontanos, la piel de tejón, los pasos ajados y el camino sin viento. Del otro lado del cristal de la ventanilla empañada de vaho, está la ciudad dormida en la vejez de la madrugada.
Noventa minutos después de transitar la carretera que apesta a corrupción de Caminos y Puentes, cada uno, hombres y mujeres, toman su camino por las ramificaciones del campus universitario, para continuar sumando los pilares de sus sueños. Sueños colectivos porque dentro del sueño mismo, están los sueños de sus padres y abuelos. Sueños que no duermen porque la única forma de concretarlos es estando despiertos.
¿Quién les mira? ¿Quién mira sus esfuerzos? Dios desde lo alto y sus familias que oran su regreso, les besan las mejillas y les despiden todo el tiempo, porque al igual que “Los amorosos” de Sabines, los guerreros insomnes, siempre se están yendo.
Sergio Telles
29 de agosto de 2015
La crítica y el espectáculo
Debemos comenzar a diferenciar la crítica y el espectáculo. La primera, para que sea sana, debe nacer y morir de argumentos, congruencia, apartidismo y honestidad. La segunda, vive siempre en la parafernalia, en un sitio ajeno a toda lógica que siempre sirve de entretenimiento a las masas.
La crítica debe ser objetiva y seguir la rectitud de las palabras. La crítica no debe venderse al mejor postor ni dejarse apabullar por la aristocracia ni el mercantilismo de un pueblo. La buena crítica, es la principal antagonista de la difamación.
La crítica debe escapar todos los días de la vulgaridad, ya sea constructiva o destructiva, igual que la literatura de Pitol respecto de la literatura de Coelho; igual que el erotismo sublime respecto de la sucia pornografía.
Quien busca la crítica se encuentra con Kant y Demóstenes. Los individuos que hacen uso del pensamiento crítico, encuentran su libertad.
El espectáculo no necesita una introducción, es primitivo y adulante, conjunto de voces y bazofias. La crítica da su nombre y levanta la mano. El espectáculo se esconde cobardemente en la banalidad y apuñala, sin contrición, por la espalda.
La palabra alud, significa el derrumbamiento de una masa que causa gran estrépito. Para mí, alud es el inicio del derrumbamiento de la ignorancia mórbida de una región que ha callado siempre, que ha pagado por mentiras y miedos, que ha dejado claudicar su raciocinio por la desesperanza.
En las últimas semanas he visto el surgimiento de páginas de Facebook fantasmas, que se han encargado de hacer una pseudo crítica política, tegiversadora, en nombre del pueblo. Una pseudo crítica que sataniza y no da la cara, cobarde y prostituta.
La libertad de expresión no es directamente proporcional a la chapucería y la difamación, existe una diferencia abismal entre ellas. Pero esta gente no lo sabe, y si lo sabe, no lo entiende.
Estas pseudo críticas ponen en jaque la basura política de algunos de los posibles candidatos a la presidecia municipal de Allende. Pero está direccionada a un solo punto, a un solo eje de ataque, como foco de distracción y trasfondo amarillista para ocultar al candidato y partido que éstas páginas basura intentan proteger, desviando la atención.
Los ciudadanos debemos comenzar a poner el pie sobre la raya, para no ser partícipes de este espectáculo de mal gusto que se viene montando en vísperas del 2015. Decirle a todo este aquelarre taciturno que no se nos puede seguir tomando como estúpidos, que ya aprendimos la lección y no cambiamos oro por espejitos ni votos por billetes de $500. Confío en que un pueblo despierto sabe decidir por sí mismo, pero, sobre todo, que sabe colocar la basura en su sitio.
Sergio Telles
22 de agosto de 2015
¿A qué juega el PAN?
La lucha humanista y visionaria de Manuel Gómez Morín ya está muy lejos de los estratos actuales del partido. Un resquebrajamiento que comenzó a partir del 2003 con la pérdida de la gobernatura y la mayoría de los municipios del Estado. El inicio de la decadencia del Partido Acción Nacional. Una mala administración que sepultó las propias ideologías de sus militantes, hasta la ruptura de personajes emblemáticos, en fechas recientes.
La falacia de un “cambio” que imitó, al pie de la letra, al régimen priista. Alianzas con personajes que han lastimado tanto al país, para ganar elecciones presidenciales. Caudillismos en las filas principales del partido que han asfixiado las esperanzas de los votantes, quienes han coincidido en la desconfianza de una alternativa real. Baños de sangre y nepotismo. Guerra sucia, cobarde y manipuladora.
Declaraciones aberrantes del ex presidente Vicente Fox quien, fiel a su estupidez infalible, en las últimas elecciones, decantó en contra de su propio partido, siendo la punta de lanza del debacle en el que se encuentra sumido Acción Nacional. Ya no suena, en las comitivas: “Por una patria ordenada y generosa y una vida mejor y más digna para todos.”
¿Qué hicieron bien o qué hicieron mal Canales Clariond y Cavazos Parra, para que su partido pasara de la gloria a la calamidad imperante? La pregunta nace porque hace años que el PAN juega a todo, excepto a ganar.
El partido deberá purgar a los dinosaurios que han enfermado a la institución por años, y cambiar la forma de hacer política si realmente aspira a algo más que a la derrota en 2015. No comprando un pastel a un vagabundo y armando un circo con la prensa, sino consiguiendo un refugio digno, ayuda médica o psiquiátrica.
Hace poco leía la nota sobre un niño que se acercaba a solicitar un empleo para su padre, y cómo el caso se envolvía en un tejido de falsa misericordia, cuando nos debería dar tanta vergüenza que aún como sociedad no seamos autosuficientes, que administración tras administración se nos hable de todo, excepto de la generación de empleos.
Es una ironía que tengamos dos pasos a desnivel de primer mundo que desembocan en contratos millonarios con grandes constructoras, y del otro lado del paso, tantas y tantas necesidades.
El nuevo PAN deberá dejar de ser un chiste viejo y estar a la altura de una verdadera oposición, quizás sujetándose de las raíces de la central-derecha de 1939, para retomar el camino. Dejar de comportarse como el hermanito bastardo del Partido Revolucionario Institucional, al cuál le sirve de compinche en las reformas y de hetaira en la apertura de recursos públicos a particulares.
La nueva política deberá traer de regreso a casa a los exiliados que cerraron sus pequeñas empresas porque el Estado no fue capaz de abatir la terrible delincuencia. El papel de la nueva sociedad, de la sociedad libre, será el de llevar a sus hijos eruditos a dirigirla, no a la mediocridad y el oportunismo de hogaño.
Sergio Telles
15 de agosto de 2015
El estigma de AUNI
El patronato AUNI es una iniciativa bienintencionada que nació en pro de la educación en el año 2008, en el municipio de Allende. Este patronato está constituido por una amalgama de personajes políticos, profesionistas, empresarios, civiles y sobre todo, por personas de gran corazón.
A pesar de lo antes escrito, y de ser orquestada por las administraciones en turno, debo reconocer y aplaudir, sinceramente, que esta fundación sigue gozando de una sana autonomía y que no se ha partirizado. Espero que nunca se cometa la estupidez de hacerlo, ya que la solidaridad y grandeza del pueblo allendense se vería reducida a una cortina de humo, a una fotografía innoble.
Todas estas almas generosas son movidas desde el corazón, porque están convencidas, desde sus adentros, de que no existe sendero más corto para el progreso y mejor inversión a futuro, que la educación. En base a estos principios, desembolsan su dinero para unir el eslabón perdido entre la educación media superior y la educación superior de nuestro municipio. Este grupo solidario, ha asumido en estos últimos 6 años, como suyo, un compromiso del Estado; apostando al crecimiento de sus conciudadanos, los mismos que tenemos la obligación de restaurar a una sociedad desahuciada que aprendió a pedir, antes que a exigir. Que aprendió a vivir del autoengaño y la mediocridad.
Este apoyo económico es entregado a los beneficiarios de escasos recursos y excelencia académica, mensualmente, el cual constituye un gran apoyo para el traslado del municipio a la Universidad, y todos los gastos implícitos del trayecto.
Comenzámos siendo 12 los beneficiarios, los cuales no sólo compartíamos desgracias y aciertos, sino que discutíamos y defendíamos nuestra postura política e ideológica, sin que en ningún momento se nos fustigara por hacerlo.
Tanto ingenio y tantas historias de vidas abrazadas de esfuerzo, que ahora se resumen en el agradecimiento límpido y en predicar con la razón.
No sé si en un principio, el patronato AUNI fue pensado, por sus fundadores, en utilizarse, tiempo después, como un instrumento político. Deben saber ahora que el resultado es totalmente opuesto. Ahora somos el producto de una sociedad benefactora que creyó en nosotros, aún sin conocernos.
En la actualidad, son más los empresarios que se han sumado a esta transformación social. Una transformación ideológica que debe ser copiada y mejorada por el resto de los municipios de la región citrícola, para erigir una sociedad más humana y más comprometida con el progreso.
Desde este medio hago llegar todo mi reconocimiento y admiración a todos los padrinos que quizá no salen en una fotografía de prensa, pero que contribuyen, mes a mes, desde el anonimato, a que los sueños de tantos jovenes allendenses sigan en pie.
Es un honor, para mí, ser uno de los hijos de este gran proyecto que me brindó su apoyo incondicional por casi 4 años, los más prolíficos de todos.
Ahora puedo mirar y hablar de frente por los que no tienen voz o han preferido callarse. Ahora puedo denunciar lo que el miedo no ha podido. Ahora lucho por lo que pienso con la mirada en el cielo y los pies en la tierra, y nunca olvidaría de donde vengo, porque es justo eso lo que me lleva a donde voy. Esa es la marca que conservo, indeleble, de aquellos años. Este es el estigma de AUNI.
Sergio Telles.
8 de agosto de 2015
Juego sucio
Quizás para entender mejor al mexicano, debemos leer primero el ensayo “El laberinto de la soledad” de Octavio Paz, pero resumiendo un poco el contexto, partiremos de los tres asuntos que no pueden tocarle al mexicano: La Virgen de Guadalupe, La selección de futból y su progenitora.
Suena bastante sencillo entender nuestra etología, pero la cosa es más compleja. Aunque la crítica comprada y la prostitución intelectual digan lo contrario, México está sometido, desde hace años, al yugo de una dictadura hecha partido y a un sistema político tan perfecto e hipócrita que hace dudar de que lo sea. Una dictadura que compra a la oposición y la prensa, que acalla a la crítica y administra la ignorancia de su pueblo.
Todo esto se ha sabido siempre, pero se ha hecho más evidente y desvergonzado a partir de la firma de El Pacto por México, la peor cachetada de la izquierda a su pueblo indiferente, la mejor definición de una pseudemocracia. Este acuerdo exultante para los políticos, viene acompañado de un paquete de reformas estructurales que amenazan el futuro de todos.
Son sorprendentes las artimañas políticas para conseguir lo que apetecen, que llevan a aprobar dichas reformas en los momentos de mayor distracción nacional. Aprobaron la Reforma Energética en la cámara de Senadores el 11 de diciembre y un día después, día de La Virgen de Guadalupe, en la cámara de Diputados. Nuestras 3 Senadoras del Estado y una de ellas, posiblemente, la primera Gobernadora de Nuevo León: Marcela Guerra, Ivonne Álvarez y Cristina Díaz, dieron su voto a favor de las reformas más castrantes de la historia de nuestro país: Energética, Fiscal y Política.
Lo interesante de las reformas son las leyes secundarias y la modificación de los artículos constitucionales, y se discuten desde el 10 de junio, dos días antes del mundial de futból 2014, momento en la que el 80% de los mexicanos permanecen atados al televisor. Por si fuera poco, pantallas gigantes en todas las plazas públicas del país, mientras el gobierno termina de confeccionar su macro saqueo. Nadie juega más sucio que la política mexicana. Nadie.
No es que el mexicano desconozca que su gobierno va a vender su futuro mientras le canta las mañanitas a La Virgen y mira jugar a su selección, sino que el mexicano olvidó su pasado y no conoce más futuro que su presente y nada le sirve mejor que olvidar su basura política mientras mira rodar un balón.
Sergio Telles
20 de enero de 2015
La divina inmundicia
Eres la soledad endovenosa que me
invade todo el tiempo,
parte del odio póstumo que me
trago.
Eres la marginación de la
voluntad dormida, dos pasos al frente, vaqueros al suelo y asunto olvidado.
La lluvia que dormita en las
pestañas arqueadas,
El barrunto que me apuñala,
parcamente, en el pecho de amapolas.
El sonido de la caravana de la
alucinación.
La boca que me apesta a besos
podridos, a saliva coprófaga.
Los sobacos que se me agrietan
del frio y la suciedad, tres pasos al frente, vaqueros al suelo y asunto
olvidado.
El retrato de algunos lustros
perdidos,
Las abluciones de hace un par de
semanas.
El testículo enfermo, el espíritu
masacrado y las falacias de los amaneceres.
6 de enero de 2015
23 de julio
Alzas el vuelo ante el torpor de
mi mirada,
las lágrimas sobran cuando el
dolor ampara;
sentir que sutilmente te acercas
cuando en realidad te apartas;
momento merolico: satírico y
límpido, plasmado en una ridícula contradicción.
Quedará decir, en el hastío, todo
lo que no dije a tus espaldas, mientras la noche se burle, hipócritamente, en
mi cara. Quedará mentirle al viento que mi complemento no hace falta.
Hurtaré lo que no tengo, excepto
la distancia,
daga fría que me hiere y perdona
lo que callas.
En la profundidad de una fría
cisterna: mi boca racional y su mirada represiva, se encuentran.
Hiciste huecos sobre la languidez
de mi cuerpo, sin barrena, bajo las sombras de un par de cipreses que se tocan
suciamente en la niebla. Abuso de retórica o perfecta estratagema que me hacen
perderme al escudriñar entre frases cortas y extensos poemas. El error no fue
exigir peras al olmo, sino amor a las piedras.
Hoy mis labios tienen prohibido
pronunciar su nombre.
El amanecer nítido y mi longanimidad
agónica me reprimen
a destiempo, sintiéndome tan
innecesario como el colirio en ojos llorosos.
Siendo realista e hipócritamente
devoto.
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