23 de octubre de 2015

La burla de la inmundicia.

La televisión mexicana, desde sus inicios, ha jugado un papel trascendental en las confabulaciones del gobierno. Me atrevo a escribir que va más allá de ser el cuarto poder de la nación. Desde censurar, con cobardía, la matanza de Tlatelolco en el 68 y todas las fechorías del régimen priista, hasta ser fiel formadora de primeras damas. El poder omnipotente del que goza el duopolio televisivo, es más grande de lo que cada uno de nosotros imaginamos. El contubernio que existe entre Los Pinos y la pantalla chica, es pieza fundamental de la proliferación de la ignorancia mexicana.

Más del 80% de nuestros compatriotas, pasan horas sentados frente a un televisor, lo cual nos habla del inmenso dominio de este medio. Tiene la magia asombrosa que puede convertir a los héroes en espurios de la historia y, a títeres absurdos, en presidentes de la república. Concesiones y contratos millonarios a cambio de una buena imagen, proselitismo perfecto, inmunidad abstractiva, entumecimiento público y un encumbramiento social.

No sólo se le engaña, de esta forma, a la sociedad, sino que, se le enferma de una estupidez sublime. Telenovelas, Reality shows y una vasta programación que ofende al intelecto. La televisión de la zona norte del país, es una réplica del salvajismo y la hipocresía humanas. Una serie de programas nefastos, sin escrúpulos, que han sido la escuela de la decadecia de la sociedad del noreste. Contenido infestado de sexo explícito, misoginia, racismo y bazofias. Creando hábitos inaceptables de estirpe primitiva en los espectadores que les emulan.

¿Dónde están los organismos que regulan el espectro? Todos son parte de la misma porquería que tiene como objetivos esterilizar memorias en nombre de un entretenimiento de mal gusto, y ocupar la mente de los ciudadanos mientras su gobierno, en turno, de todos los niveles, les fornica su futuro.

Es intolerable que la tierra regiomontana del gran Alfonso Reyes esté gobernada por un grupo de televisoras que promueven la ignorancia mórbida y la bajeza del espíritu. Es realmente deprimente que, día a día, más personas se sumen a esta corriente de apoplejía cultural, a esta burla de la inmundicia.
Sergio Telles

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