Debemos comenzar a diferenciar la crítica y el espectáculo. La primera, para que sea sana, debe nacer y morir de argumentos, congruencia, apartidismo y honestidad. La segunda, vive siempre en la parafernalia, en un sitio ajeno a toda lógica que siempre sirve de entretenimiento a las masas.
La crítica debe ser objetiva y seguir la rectitud de las palabras. La crítica no debe venderse al mejor postor ni dejarse apabullar por la aristocracia ni el mercantilismo de un pueblo. La buena crítica, es la principal antagonista de la difamación.
La crítica debe escapar todos los días de la vulgaridad, ya sea constructiva o destructiva, igual que la literatura de Pitol respecto de la literatura de Coelho; igual que el erotismo sublime respecto de la sucia pornografía.
Quien busca la crítica se encuentra con Kant y Demóstenes. Los individuos que hacen uso del pensamiento crítico, encuentran su libertad.
El espectáculo no necesita una introducción, es primitivo y adulante, conjunto de voces y bazofias. La crítica da su nombre y levanta la mano. El espectáculo se esconde cobardemente en la banalidad y apuñala, sin contrición, por la espalda.
La palabra alud, significa el derrumbamiento de una masa que causa gran estrépito. Para mí, alud es el inicio del derrumbamiento de la ignorancia mórbida de una región que ha callado siempre, que ha pagado por mentiras y miedos, que ha dejado claudicar su raciocinio por la desesperanza.
En las últimas semanas he visto el surgimiento de páginas de Facebook fantasmas, que se han encargado de hacer una pseudo crítica política, tegiversadora, en nombre del pueblo. Una pseudo crítica que sataniza y no da la cara, cobarde y prostituta.
La libertad de expresión no es directamente proporcional a la chapucería y la difamación, existe una diferencia abismal entre ellas. Pero esta gente no lo sabe, y si lo sabe, no lo entiende.
Estas pseudo críticas ponen en jaque la basura política de algunos de los posibles candidatos a la presidecia municipal de Allende. Pero está direccionada a un solo punto, a un solo eje de ataque, como foco de distracción y trasfondo amarillista para ocultar al candidato y partido que éstas páginas basura intentan proteger, desviando la atención.
Los ciudadanos debemos comenzar a poner el pie sobre la raya, para no ser partícipes de este espectáculo de mal gusto que se viene montando en vísperas del 2015. Decirle a todo este aquelarre taciturno que no se nos puede seguir tomando como estúpidos, que ya aprendimos la lección y no cambiamos oro por espejitos ni votos por billetes de $500. Confío en que un pueblo despierto sabe decidir por sí mismo, pero, sobre todo, que sabe colocar la basura en su sitio.
Sergio Telles