Eres la soledad endovenosa que me
invade todo el tiempo,
parte del odio póstumo que me
trago.
Eres la marginación de la
voluntad dormida, dos pasos al frente, vaqueros al suelo y asunto olvidado.
La lluvia que dormita en las
pestañas arqueadas,
El barrunto que me apuñala,
parcamente, en el pecho de amapolas.
El sonido de la caravana de la
alucinación.
La boca que me apesta a besos
podridos, a saliva coprófaga.
Los sobacos que se me agrietan
del frio y la suciedad, tres pasos al frente, vaqueros al suelo y asunto
olvidado.
El retrato de algunos lustros
perdidos,
Las abluciones de hace un par de
semanas.
El testículo enfermo, el espíritu
masacrado y las falacias de los amaneceres.