20 de enero de 2015

La divina inmundicia

Eres la soledad endovenosa que me invade todo el tiempo,
parte del odio póstumo que me trago.
Eres la marginación de la voluntad dormida, dos pasos al frente, vaqueros al suelo y asunto olvidado.

 La lluvia que dormita en las pestañas arqueadas,
El barrunto que me apuñala, parcamente, en el pecho de amapolas.
El sonido de la caravana de la alucinación.

 La boca que me apesta a besos podridos, a saliva coprófaga.
Los sobacos que se me agrietan del frio y la suciedad, tres pasos al frente, vaqueros al suelo y asunto olvidado.

 El retrato de algunos lustros perdidos,
Las abluciones de hace un par de semanas.

El testículo enfermo, el espíritu masacrado y las falacias de los amaneceres.

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