Alzas el vuelo ante el torpor de
mi mirada,
las lágrimas sobran cuando el
dolor ampara;
sentir que sutilmente te acercas
cuando en realidad te apartas;
momento merolico: satírico y
límpido, plasmado en una ridícula contradicción.
Quedará decir, en el hastío, todo
lo que no dije a tus espaldas, mientras la noche se burle, hipócritamente, en
mi cara. Quedará mentirle al viento que mi complemento no hace falta.
Hurtaré lo que no tengo, excepto
la distancia,
daga fría que me hiere y perdona
lo que callas.
En la profundidad de una fría
cisterna: mi boca racional y su mirada represiva, se encuentran.
Hiciste huecos sobre la languidez
de mi cuerpo, sin barrena, bajo las sombras de un par de cipreses que se tocan
suciamente en la niebla. Abuso de retórica o perfecta estratagema que me hacen
perderme al escudriñar entre frases cortas y extensos poemas. El error no fue
exigir peras al olmo, sino amor a las piedras.
Hoy mis labios tienen prohibido
pronunciar su nombre.
El amanecer nítido y mi longanimidad
agónica me reprimen
a destiempo, sintiéndome tan
innecesario como el colirio en ojos llorosos.
Siendo realista e hipócritamente
devoto.
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