13 de noviembre de 2015

Elogio a la indiferencia

La libertad condicionada es pariente cercana de la esclavitud. Pensar siquiera, en abolirlas, por completo, es caer en pantomimas ridículas y denigrantes. Los sistemas de gobierno despóticos utilizan un instrumento más eficaz que las pesadas cadenas de siglos pasados, que atormentaban los cuerpos. Un instrumento tan poderoso y efectivo, llamado: ignorancia.

La desinformación ha venido a silenciar las oposiciones eruditas e imponer un autoengaño masivo. El hábito de la indiferencia se ha comido las ideas de las confrontaciones de un raciocinio incipiente. El pensamiento crítico está en cuarentena y sus intermitencias lúcidas no terminan por convencer a nadie. Una democracia payasa y una soberanía que ofende.

Se han encargado, con prurito, de manipular el pasado para replicarlo en el presente. Un saqueo arcaico que comenzó en 1492 y que continúa, sin menguar, en nuestro tiempo. Extranjeros, nacionales y un robo enfermizo que sólo termina para el que muere.

Nada hace más daño que lo que se olvida. México, ha olvidado su sangre regada, su sometimiento y sus desaparecidos. Los traidores siguen a la cabeza, decidiendo por todos, comprando a la intelectualidad caída. Una hipocresía que compone la atmosfera de las instituciones políticas y las ambiciones que venden los sueños.

La historia ha sido borrada y reescrita a conveniencia, pasando por alto los grandes momentos. Hemos creído todo lo que se nos ha dicho en la truculencia del poder. Hemos sepultado en nuestras memorias el espíritu de una lucha justa, en un éxtasis de cobardía o desgano.

La resignación de nuestro pueblo ha incentivado a una dictadura hecha partido, menos fantoche que el resto de las dictaduras latinoamericanas, pero igual de soberbia y dañina. Una dictadura de la que nadie habla porque, para entenderla, hay que vivir adentro.


Duele el silencio de los que callan siempre bajo una patria fingida. Duelen los brazos baldados, los estómagos vacíos y el buffet de mentiras. Duele el engaño anual de los hombres necios que gritan, repetitivamente, ¡viva! Duelen las bocas que se han dormido desde hace tanto y que sólo comen poco y tragan saliva.

Sergio Telles

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