20 de noviembre de 2015

Vida en las millas

Por lo general, no entendemos las tristes ausencias que dejan en tierra los hombres de ruedas y diésel. Los que han aprendido a vivir al volante gran parte de sus vidas, los que han lidiado, a diario, con las mudanzas perpetuas. Han aprendido a despedirse tanto que, en ocasiones, olvidan lo que significa quedarse.

Las familias han llegado a acuerdos silentes para no hacer más cruda la espera. Hay besos cansados, abrazos contenidos y charlas a medias. Los calendarios se parten día con día y las horas pesan en las espaldas de todos. Se sufre igual adentro y afuera, con esos sufrimientos omnipresentes que traen implícitos los recuerdos. Los tejones solidarios que cuidan a sus hermanos de oficio en un camino de distancias y curvas sin miedo.

Los riesgos de las carreteras que nunca terminan, la incertidumbre del mal tiempo que les azota a deshoras, los sobornos injustos con los federales y la delincuencia organizada para seguir manejando un poco más tranquilos con una carga que no es suya, pero que les permite llevarlo todo a casa. Hay sueño en los ojos, caminos sin vuelta y mujeres sin cama.

Son un gran porcentaje de la clase trabajadora de nuestro pueblo. Son los chóferes del transporte pesado que movilizan los enormes capitales de los únicos dueños, que son pocos, pero que son necesarios mientras no se hable, todavía, de la generación de empleos. Una ocupación riesgosa de la que aún no se ha dignificado su salario. Un oficio poco mencionado en las prioridades de  las bocas que no hablan, pero que comen de ellos.

La soledad de las carreteras está llena de momentos introspectivos, de llanto acedo y velocidades intermitentes. Les tiemblan las piernas con la sola idea de la fatídica probabilidad de poder morir lejos, de apagarse en la lejanía.


De regreso, hay esposas, padres e hijos que han esperando lo suficiente con veladoras encendidas, con la resignación temprana de que sólo durará poco tiempo, hasta el siguiente viaje que ordenará el patrón, hasta el siguiente beso.

Sergio Telles

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