Un país sin izquierda política anda siempre desequilibrado. Eso pasa con México. Hemos simulado contar con partidos de oposición que nacieron para legitimar el régimen priista. El partido del trabajo (PT) que nació en y para el gobierno de Salinas de Gortari y un PRD que fue creado a imagen y semejanza del PRI, para lo mismo que el primero. Para decirle al mundo que en México existía una sana y sólida democracia. La falacia que hemos enviado al extranjero por décadas y la misma que, hoy, se cae a pedazos.
Actualmente, la única izquierda potencial del país, son los movimientos ciudadanos. Son los jóvenes que salen a la calle a exigir justicia y un cese a la muerte. Son los despiertos que están hartos de ver a sus amigos desaparecer y, tiempo después, encontrarles en un desparrame de huesos. Hartos de la impunidad agigantada, hartos del disimulo estúpido de los tres poderes de gobierno. Hartos todos de la indumentaria oscura, del llanto con rabia.
El mensaje del presidente, a su llegada de Australia, y el mensaje del clérigo, horas después, me parecen conocidos y me preocupan sobremanera. Se está preparando el escenario para una represión contundente contra los disidentes, contra la izquierda radical y la izquierda pacífica. Contra todo el que piensa distinto al gobierno autoritario, contra la dictadura hecha partido. Me preocupan todos, pero ni el silencio ni el miedo hacen a una república.
Sergio Telles
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