27 de enero de 2016

Heridas repetidas

Cuando las malas lecciones se viven y las secuelas se aceptan, las heridas se repiten. Las enormes tropelías del autoritarismo dictatorial se han adoptado, con lisura, en el reino del disimulo estático. Sitio transgredido de montañas altas donde nada pasa, donde todo es progreso cuando se entierran las voces.

Las consecuencias del pueblo que lleva a la mediocridad a dirigirla son: la violencia, el nepotismo y la represión sanguinaria. La Trinidad perpetua del yugo mexicano. Hay miles de estudiantes caídos en el jardín de la infamia. Miles de desaparecidos que huelen a muerto.

México ha venido perdonando el salvajismo y la crueldad de sus gobiernos. Perdonó Tlatelolco y perdonará Ayotzinapa. Siempre hay mentiras para acallar la resistencia y siempre hay espacio en las fosas para sepultar el desacuerdo.

Los medios de comunicación han callado como callaron entonces. Han solapado la injusticia por sus pellejos. Han sido y son la servidumbre de los tres poderes. La libertad de protestar es un chiste blanco y siempre se aplauden, de pie, los montajes estrafalarios del último informe de gobierno. Las mentiras de Medina y la lambisconería de su tertulia de ojos secos.

Fue tanta la obsesión por maquillar la solemnidad del evento que, hace días, decenas de policías ocupaban los principales puentes peatonales para evitar que se expusieran las falacias del mal gobierno. ¿Dónde están esos policías cuando se necesitan? ¿A quién sirven cuando no sirven? ¿Son los malos o los buenos?

La oposición se persigna y se calla. Yo escribo. Tú lees. Él fustiga. Nosotros perdemos. Ustedes sonríen. Ellos ganan.

Sergio Telles

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